Entonces... ¿Somos o no somos?

Mientras esperaba una señal del destino, me puse a pensar en una historia que una muy querida amiga me contó —hello my person, love you— Él era un chico simpático y muy atento, digamos que era el chico perfecto con el que muchos de nosotros hemos soñado, pero que había un gran PERO... 

No, no era el físico, el chico tenía su buen ver; tampoco era su aliento ni mucho menos sus modales. Tampoco se trataba de algo económico —al parecer ya es un punto “importante” en mi generación es más, para que no les explote la cabeza, no era él, era ella... esa no se la esperaban ¿verdad?

Aunque el muchacho cumplía con cada una de las casillas, en el corazón de ella no había espacio aún, aún no era momento de dar un paso. Y no, no es que ella sea una villana pero cuando el corazón sabe lo que quiere, aunque tengamos frente a nosotros al príncipe encantador, lograremos enamorarnos perdidamente. Y ustedes dirán, ¿y luego?

Pues lo que sigue a continuación es nuestro momento musical, porque ya saben que la vida sabe mejor si le ponemos música de fondo. Amiga, sabes que te adoro con el alma, pero de seguro este chico te podría bien dedicar y poner en loop “Read Your Mind” de Sabrina Carpenter. Porque todos hasta yo hemos dicho ¡Carajo! No puedo leer tu mente. Hoy me dices que sí y mañana que quieres tu espacio porque no es momento para una relación.

A todos no pueden decir que no nos gusta que nos den atención, los detalles, los lindos mensajes y las palabras de empoderamiento. Nos gusta sentir que alguien nos admira y tal vez, solo tal vez, esa persona pueda ser la indicada pero, ¿qué pasa cuando nos llega el recuerdo del pasado?

Digamos que somos una casa. Una casa necesita cuidados y soporte porque de lo contrario, se cae. Y supongamos que esa persona que nos brinda la atención es un clavo, uno sumamente fuerte, uno que quiere formar parte de la estructura de nuestra casa pero cuando intenta colocarse... ¡Oh no! Hay otro clavo ahí, aferrado como termita aferrada a la madera.

Por más de que le demos golpes para sacarlo y demostrar que nuestra calidad es mucho mejor que la de ese pelafustán, los esfuerzos son en vano. Y aunque logremos sacar el pasado y ocupemos ese lugar tan “soñado”, ya nos encontramos doblados, golpeados y un poco quebrados; pero ojo queridos lectores: los recuerdos son muy poderosos y aunque hayamos ocupado un lugar en la estructura de la casa, nada nos asegura que nos quedemos eternamente.

A veces nos toca ser el clavo que sostiene un cuadro en una pared, en lo que la casa consigue otro “mejor”.

Que nos guste tener atención no es malo. Que nos guste ser la persona que da esa atención, tampoco es malo. Pero ambas partes sí deben tener claras las cosas:

El que busca dar la atención debe saber en qué momento parar cuando definitivamente las cosas no tienen un avance, no tanto por la otra persona, sino por uno mismo, rogar en este blog JAMÁS aunque las migajas estén bien buenas por favor.

Por la otra parte, esta ok si recibimos atención y detalles, pero aquí debemos ser transparentes y comunicar que no llegaremos a más. Jugar con las ilusiones de las personas no es divertido, mejor ser directo y que cada quien siga su camino en direcciones diferentes. Ya si la otra persona quiere quedar, bueno, ahí si ya no podemos influir.

No tenemos la habilidad de leer mentes; ninguna de las dos partes la tiene y ahí esta el detalle, dar por hecho cosas que no se han comentado. El hecho de recibir flores sin que nos pidan algo a cambio es sinónimo de “equis, solo somos amigos”; así como el dedicar canciones con la esperanza de que sea recíproco es sinónimo de “vamos a ser novios y viviremos felices para siempre”. No confundan las cosas queridos lectores.

Las conversaciones incómodas siempre nos darán paz y un mejor panorama para tomar decisiones.

Y ustedes, ¿dan o reciben?

- Ellie

🎵 Canción: Read Your Mind Sabrina Carpenter.

https://youtu.be/cWyGx881vG8?si=rbH0OHioJmrTjGNW

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